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#COP21| La deriva del acuerdo: Alta ambición o minimalismo

Recta final en la COP de París Ver más

Por Hernán Carlino
Especialista en Política Climática
Investigador del Centro de Estudios en Cambio Climático Global - FTDT

La relectura de los temas que dominan estos días el proceso de consultas que se despliegan bajo el Comité de París permite identificar las cuestiones centrales que acercan o separan a las Partes, tales como la determinación de que modo y cuando las reducciones de emisiones previstas por los países serán revisadas.

Si bien hay confianza en que un acuerdo -el primer acuerdo global en cambio climático después de 18 años-, pueda ser alcanzado en las horas que restan hasta el final de la Conferencia, también predomina la preocupación en cuanto a que los compromisos que haya que hacer en la mesa de negociación para poder lograrlo, debiliten el acuerdo, hasta convertirlo en un acuerdo de baja intensidad.

De hecho, algunos expertos sostienen que, por ejemplo, las contribuciones previstas y determinadas para cada país no constituyen ni un compromiso ni una promesa y, por ende, obligan solo relativamente a las Partes.

Además, debe tenerse en cuenta que por la naturaleza del instrumento de mitigación que está en la base del acuerdo, en el que cada país determina cual es el nivel de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero que individualmente se propone alcanzar y que, además, algunas de las acciones que cada país prevé realizar son condicionales, es decir dependen de la disponibilidad de financiamiento climático para ejecutarse, aun de cumplirse estrictamente con esas acciones de mitigación, las emisiones globales, según algunas estimaciones, se reducirán solo a la mitad de lo que seria necesario que se redujeran, si se quiere evitar que la temperatura global se eleve mas de 2 grados centígrados.

Hay algunos países, agrupados circunstancialmente en estas sesiones en una coalición autodenominada de “elevada ambición”, que han venido proponiendo un mecanismo de revisión periódica de las previsiones contenidas en las contribuciones previstas y determinadas para cada país (INDC, por sus siglas en inglés), en cuyo caso abogan por que la revisión se lleve a cabo cada cinco años, que sea progresiva, es decir que no seria admisible que un país, por las circunstancias que fuera, retroceda en sus contribuciones por debajo del nivel que ya había comprometido, y que la verificación de las reducciones se haga por medio de un mecanismo internacional de control y no uno doméstico. La idea es que esos ciclos de quinquenales permitan la actualización o la revisión de las contribuciones y que las ambos sean solo incrementales en la ambición. Aquellos países que se oponen a esta modalidad, aunque sea parcialmente, sostienen en cambio, que esa revisión constituiría un menoscabo de su soberanía, y que, por otra parte, el plazo de cinco años es muy breve, en relación con la introducción y el despliegue de nuevas tecnologías y de inversiones que es preciso realizar, por lo cual seria necesario extenderlo hasta 10 años. En este caso, se propone flexibilizar la revisión periódica, admitiendo que los países que puedan hacer revisiones cada cinco años las hagan, y otros puedan hacerlo en plazos mas extendidos.

Lo que subyace a esta discusión es si los países desarrollados deberían liderar la mitigación, según los estableciera la Convención hace mas de dos décadas, o pueden, a partir del estado actual de las emisiones agregadas de gases de efecto invernadero y la participación individual de los países en ese agregado, conseguir una nueva distribución de los esfuerzos de mitigación, redefiniendo implícitamente las condiciones establecidas en su momento.

En particular, los estados insulares en desarrollo, pero también los países africanos, reclaman mayor ambición en la mitigación, llevando la meta global a evitar que la temperatura se eleve mas de 1,5 grados centígrados como máximo, y se oponen denodadamente a que el acuerdo sea de baja ambición.

Otro de los grandes temas sobre los que la discusión se hace mas ardua es el del financiamiento, en cuyo caso las distancias que separan a los países, principalmente entre desarrollados y en desarrollo, se refieren tanto a la magnitud del financiamiento, sus fuentes (principalmente publicas o mayormente de inversiones privadas), las modalidades de su asignación (prevalentemente para mitigación o proporcionalmente distribuido entre mitigación y adaptación), e incluso a los procedimientos para incrementar los recursos en el tiempo, en línea con las necesidades de financiamiento.

En realidad, todos esperan que se concrete un acuerdo, aunque, según su perspectiva, algunos confían todavía en que se tratará de un acuerdo robusto, mientras otros temen que sea excesivamente débil, y con ello será difícil crear las condiciones que desaten las transformaciones necesarias para ir hacia la descarbonización de la economía y hacia sociedades resilientes al cambio climático global.