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Apuntes de Doha - Financiamiento: necesidades, instrumentos y acceso a recursos

 


El presente artículo forma parte de una serie especial, seleccionada por la Plataforma Finanzas Carbono, y orientada a analizar los avances de las negociaciones de la COP 18 en Doha. Puede acceder a más contenidos especiales sobre la COP 18 en Doha haciendo click AQUÍ.

 

 

Por Hernán Carlino
Especialista en Política Climática
Investigador del Centro de Estudios en Cambio Climático Global – ITDT

 

Las cuestiones relativas al financiamiento se vienen discutiendo en las conferencias de las partes de la Convención desde su inicio, con resultados diversos pero en general poco satisfactorios para las expectativas de los países en desarrollo.

Además, a medida que se hacen visibles los costos de los impactos del cambio climático y consecuentemente de la adaptación, las peticiones por la provisión de recursos de financiamiento a las que están comprometidos los países desarrollados se han hecho más urgentes.

Como la mitigación tiene costos incrementales, que muy frecuentemente constituyen barreras a poner en valor acciones de mitigación, la disponibilidad de recursos con este propósito también ha sido motivo de negociaciones.

En el último quinquenio dos reuniones iluminaron muy fuertemente las cuestiones relativas al financiamiento climático, lo que luego dio lugar a la creación de nuevos mecanismos financieros.

En Bali, Indonesia, en 2007, los países acordaron que el financiamiento constituiría uno de los pilares del Plan de Acción de Bali, junto con la mitigación, la adaptación, y la transferencia de tecnología, en el marco de una visión compartida de largo plazo sobre como hacer frente al cambio climático. A partir de allí el financiamiento volvió a reclamar el centro de la escena.

En Copenhague, en 2009 se definieron unas cifras que por primera vez cuantifican la magnitud inicial de los recursos sobre los que se estaba discutiendo al debatir el financiamiento climático: 30 mil millones de dólares entre 2010 y 2012 y luego 100 mil millones hacia el 2020.  A pesar que estas cifras, contrastadas con las estimaciones sobre necesidades, parecían insuficientes, constituían un buen punto de partida para empezar a construir de una vez el financiamiento climático tan necesario.

La idea de un Fondo Verde para el Clima, que se fue gestando con esas negociaciones, se concretó en Cancún en 2010 y perfeccionó en Durban el año pasado.

Los avances se fueron dando, aún con las dificultades que nacían de las perturbaciones financieras y las restricciones presupuestarias en buena parte de los países desarrollados.

En Durban se configuraron también los diferentes horizontes temporales para la acción climática; el futuro inmediato, desde 2013 a 2020 y más allá del 2020.

Con estas líneas de tiempo se están discutiendo aquí en Doha las cuestiones relativas al financiamiento climático. Las conversaciones incluyen el examen de lo ocurrido en la fase de arranque temprano, entre 2010 y 2012. Los países desarrollados han dado cuenta de sus aportaciones y ha habido debates muy intensos sobre la verdadera materialización de esas contribuciones y sobre su contabilidad.

Otro núcleo temático es el constituido por el funcionamiento de los mecanismos financieros, los procesos tendientes a hacer operativo el Fondo Verde para el Clima y los relativos a las actividades del Comité Permanente creado en Cancún en el marco de la Conferencia de las Partes, para que ayude a ésta a ejercer sus funciones relativas al mecanismo financiero de la Convención en lo que concierne a mejorar la coherencia y la coordinación en el suministro de la financiación para hacer frente al cambio climático.

Finalmente, otra materia de discusión ha sido la de financiación a largo plazo que incluye un programa de trabajo dirigido a alcanzar acuerdos en esta cuestión.

El texto que refleja los acuerdos que están en gestación aquí en Doha sobre esta materia incluye hoy entre otras cosas: el reconocimiento de la necesidad de expandir el financiamiento climático y definir vías para movilizar los recursos ya comprometidos (US $100 mil millones) hacia el 2020, dar por concluida la fase de arranque temprano, y continuar durante el próximo año 2013 con el programa de trabajo sobre financiamiento climático a largo plazo. El texto a la vez resalta la necesidad del diálogo y la cooperación como modos de alcanzar acuerdos fructíferos en torno al financiamiento climático.

Dos aspectos a destacar son que el acuerdo en ciernes incluye un punto por el que se invita a los países desarrollados a presentar para la próxima conferencia de las partes, esto es a fines de 2013, una indicación de las vías por las cuales definirán una trayectoria de contribuciones para alcanzar los 100 mil millones hacia el 2020, lo que en la práctica constituiría un cronograma viable de desembolsos 2013-2020. Los países en desarrollo habían venido solicitando, en cambio, definir aportaciones específicas en torno a los US $60 mil millones para los próximos años.

Otro punto relevante es que el texto propone un acuerdo con respecto a la necesidad que las acciones de adaptación sean mayormente financiadas mediante fondos públicos.