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Guía para entender la Cumbre del Clima de París

El gran evento internacional de la conferencia del clima no solo se mantiene, sino que será un momento de esperanza y de solidaridad”. Con estas palabras el presidente François Hollande reafirmaba la continuidad de la Cumbre Mundial del Clima de París, tras la matanza terrorista del 13 de noviembre. Habrá que ver de qué forma afecta todo esto a la crucial conferencia de Naciones Unidas (de momento, aunque se han anulado las grandes marchas en las calles, se han autorizado las manifestaciones y los actos de la sociedad civil dentro del recinto del Bourget), pero de partida no hace sino aumentar la inquietud por una cita ya de por sí muy difícil, dada la mala experiencia de las 20 cumbres del clima anteriores.

Del 30 de noviembre al 11 de diciembre, se celebra en París la que puede ser la última oportunidad de llegar a un acuerdo global de todos los países para reducir las peligrosas emisiones causantes del calentamiento del planeta. Un pacto que debería entrar en vigor en 2020. Estas son cinco claves para entender una conferencia trascendental, la COP21, marcada de antemano por el miedo y la tristeza.

1. El laberinto de EEUU para asumir un pacto vinculante.

A la Cumbre del Clima de París se llega con un borrador caótico de más de 50 páginas y algunos avances interesantes. Sin embargo, todavía está por concretarse uno de los puntos en los que más veces han encallado estas negociaciones desde hace 20 años: ¿De qué forma comprometerá el acuerdo a los países para que deban cumplir sus compromisos? La mayoría de los estados están de acuerdo en un pacto que sea vinculante (el propio G20 ha apoyado un acuerdo con “fuerza legal” y “aplicable a todos”), pero esto tiene una gran dificultad: Estados Unidos.

Si bien el presidente Obama ha hecho suya la bandera de la lucha contra el cambio climático, lo cierto es que no cuenta con una posición fuerte para llevar al Congreso de los EEUU un tratado internacional con compromisos obligatorios.

Aquí un poco de historia: El único logro conseguido en estos 20 años de negociaciones ha sido el Protocolo de Kioto (que obligaba a reducir sus emisiones solo a los países ricos). Sin embargo, este tratado internacional se quedó en nada al no incluir compromisos para China y no ser ratificado por EEUU (países que generan entre ambos casi el 45% de los gases de efecto invernadero del mundo). La Constitución estadounidense dice que los tratados internacionales deben ser aprobados por dos terceras partes del Senado. En el caso de Kioto, en 1997 esta Cámara aprobó por 95 votos a 0 la resolución Byrd-Hagel, que rechazaba que EEUU se uniese a ningún tratado climático que no obligara también a los países en desarrollo o que pudiera perjudicar a la economía.

¿Qué opciones legales existen para que Obama pueda embarcar a EEUU en un pacto climático que sea vinculante? Un informe de mayo de 2015 de la Universidad Estatal de Arizona, explicaba que en función del tipo de acuerdo de París pueden darse tres posibilidades: que tenga que superar la supermayoría del Senado, que deba ser votado en el Congreso o que valga simplemente con el apoyo del presidente (por medio de una acción ejecutiva). La opción más segura es la tercera, pero Obama solo podría llevarla a cabo si el acuerdo no incluye obligaciones concretas de reducciones o de financiación. En cambio, el presidente sí podría respaldar un pacto internacional que lo que le obligue es a cumplir leyes o compromisos nacionales.

2. Un gran paso en las reducciones de emisiones, pero insuficiente.

Dónde sí se ha progresado es en definir cuánto va a recortar cada estado sus gases causantes del cambio climático. Antes del comienzo de la Cumbre de París, casi todos los países ya han presentado ante Naciones Unidas cuáles son sus contribuciones nacionales de reducción de emisiones. El objetivo global es que la temperatura media de la Tierra no suba más de los 2 °C considerados como límite de seguridad. EEUU se ha comprometido a reducir sus gases un 26%-28% para 2025 (respecto a 2005), China a llegar al pico de sus emisiones para 2030 como tarde y recortarlas para ese año un 60-65% por unidad de PIB (respecto a 2005), la UE a bajarlas un 40% para 2030 (respecto a 1990)… Así, más de 160 países del mundo (aquí están todos). Se trata de un gran avance. Sin embargo, como ha calculado la Agencia Internacional de la Energía, insuficiente. Si se cumpliesen todas estas contribuciones de los países, para final de siglo la superficie del planeta se habría calentado 2.7 °C.

¿Cómo conseguir entonces que los países aumenten sus compromisos? Un opción que parece contar con amplio respaldo es la revisión de estas contribuciones cada cinco años. Ahora bien, el acuerdo que pueda salir de París se aplicaría a partir de 2020, así pues, las reducciones no se revisarían hasta 2025. “No podemos esperar otros 10 años para empezar a hacer más”, incide Lou Leonard, vicepresidente del Programa de Cambio Climático de WWF en Estados Unidos, que considera que existen otras vías de aumentar la ambición de los estados: Explorar formas de lograr más recortes antes de 2020, implicar a otros actores (como empresas o ciudades) y apoyar a aquellos países dispuestos a comprometerse más (muchos países, como México o Colombia, han mostrado su disposición a asumir recortes más ambiciosos si se les ayuda).

3. Largo plazo para el 100% de la descarbonización.

Otro de los puntos que se debaten es la inclusión en el acuerdo de compromisos a más largo plazo que vayan poniendo fecha a conceptos como ‘descarbonización total de las economías’ o ‘economías cero emisiones’. La lucha contra el cambio climático no significa otra cosa que ir desvinculando las economías de los combustibles fósiles. Según un estudio publicado en Nature en 2015, para que la temperatura del planeta no suba más de 2 °C, se tienen que dejar bajo tierra sin tocar una tercera parte de las reservas de petróleo, la mitad de las de gas y más del 80% de las de carbón.

Como resulta previsible, en este apartado del largo plazo todavía existen grandes diferencias. “Genera muchas susceptibilidades, sobre todo en países en desarrollo productores de petróleo, como Venezuela, Bolivia, Arabia Saudí, o Suráfrica”, detalla Teresa Ribera, directora del Instituto de Desarrollo Sostenible y Relaciones Internacionales (IDDRI) de París. “Es un asunto muy delicado, si hay alguna referencia a esto probablemente sea muy prudente”.


Con todo, lo que más preocupa no es cerrar ya compromisos para 2050 o 2080, sino arrancar de una vez por todas el sistema de reducción de emisiones a escala planetaria. Para Naciones Unidas, si la Cumbre de París sale bien, todo se irá acelerando. “No se trata de tener las cuentas perfectas, sino de asegurar que los gobiernos gestionan la transición, asumen que esto no tiene retorno y lo hacen sobre la base de la solidaridad colectiva”, comenta Ribera.

4. Solidaridad de los países: 100,000 millones al año para adaptarse.

Este es uno de los puntos cruciales de las negociaciones. El cambio climático tiene una parte muy injusta: las poblaciones que menos culpa han tenido en generar el problema son las que más van a sufrir por sus consecuencias (sequías, deshielo, inundaciones, temporales, subida del nivel del mar…). Si bien se ha avanzado bastante en la reducción de emisiones, todavía faltan muchas cuestiones por concretar en cómo ayudar a los países en desarrollo a adaptarse para afrontar los efectos de un planeta más caliente y un clima más extremo. La discusión principal es de dónde van a salir los 100,000 millones de dólares anuales a partir de 2020 comprometidos desde la Cumbre de Copenhague, pero existen otras muchas cuestiones que detallar sobre cómo se va a traducir esta solidaridad internacional.

5. Un único país puede bloquear el acuerdo.


Si no fuera ya de por si complicado el desafío de convencer a los países para que rompan con el modelo de desarrollo basado en los combustibles fósiles, este tipo de cumbres tiene una peculiaridad que las hace aún más complejas: su sistema de votación. En el argot de las negociaciones, en París se reúne la Conferencia de las Partes, que es el órgano supremo de laConvención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC). En la primera de estas cumbres en 1995 (en Berlín), se intentó aprobar el reglamento con las mayorías requeridas para las votaciones, pero no hubo acuerdo. La práctica habitual en Naciones Unidas es que los estados decidan las cuestiones de fondo por consenso y solo recurran a la votación como último recurso. Dado que en este caso no se puede aplicar ninguna norma de votación, entonces los asuntos importantes solo pueden aprobarse si hay consenso entre los 195 países (o partes). Basta que haya un país en contra para que no pueda adoptarse como decisión vinculante. Esto es mucho más democrático, pero también ha generado algunas situaciones esperpénticas en pasadas cumbres.

Son muchas las complicaciones, aún así, según Leonard, “nunca hemos tenido un momento como éste antes”.

Por Clemente Álvarez: @clementealvarez

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Información sobre la noticia

  • Fuente: Univisión
  • Language: Español
  • Original Date: 18-11-2015