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Los pequeños productores agrícolas, su voz también se hace oír en Lima


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El presente artículo forma parte de una serie especial, seleccionada por la Plataforma Finanzas Carbono, y orientada a analizar los avances de las negociaciones de la COP 20 en Lima, Perú.

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Por Verónica Gutman

Investigadora del Centro de Estudios en Cambio Climático Global - FTDT

 

Las economías campesinas, afirman sus representantes, son altamente dependientes de la salud de los ecosistemas y enfrentan efectos climáticos visibles como el cambio en los regímenes de lluvias, sequías, inundaciones, aumento de plagas y enfermedades, vientos más fuertes y aumento de la incidencia de fenómenos climáticos extremos.

En preparación para la COP 20, la Coordinadora Latinoamericana y del Caribe de Pequeños Productores de Comercio Justo (CLAC) elaboró una publicación para difundir en la COP sobre la experiencia de adaptación al cambio climático de pequeños productores de miel, café y banano en México, República Dominicana, Perú, Colombia, Ecuador, Panamá, Brasil, Costa Rica y Guatemala.

La publicación “Cambio climático: la voz de los pequeños productores” sintetiza los principales efectos negativos que sufren la apicultura y la producción de café y banano a causa del cambio climático, las principales consecuencias para la sostenibilidad económica de los pequeños productores, las dificultades que éstos enfrentan para implementar medidas de adaptación y las principales estrategias que éstos están implementando para mitigar y adaptarse a los efectos negativos del cambio climático.

La publicación destaca que las economías campesinas son altamente dependientes de la salud de los ecosistemas y que enfrentan efectos climáticos visibles como el cambio en los regímenes de lluvias, sequías, inundaciones, aumento de plagas y enfermedades, vientos más fuertes y aumento de la incidencia de fenómenos climáticos extremos. A su vez, se resalta que el manejo inadecuado genera disminución de nutrientes en los suelos, afectando la calidad y productividad de los cultivos.

Frente a esto, muchos productores responden cambiando de cultivos, utilizando mayor cantidad de agroquímicos o dedicándose a la ganadería, lo que implica deforestación, pérdida de vegetación, reducción de la productividad, pérdida de la certificación orgánica, reducción de la soberanía alimentaria de los productores (producción de alimentos a nivel de finca) y, muchas veces, migración a las ciudades, con la consecuente reducción de la inversiones rurales.

A su vez, existen factores culturales y técnico-institucionales que empeoran la situación: falta de información meteorológica y sobre medidas viables que pueda adoptar la agricultura familiar a pequeña escala; adopción extendida de prácticas poco sustentables como el control de herbicidas y plaguicidas, muchas veces impulsadas por las propias autoridades estatales; falta de inversiones en tecnologías adaptables a las condiciones productivas y culturales del agricultor familiar; falta de recursos financieros y humanos y de asistencia adecuada por parte del Estado; baja cohesión y cooperación entre las organizaciones agrícolas y falta de conciencia del consumidor sobre la importancia de fomentar un consumo que apoye a las organizaciones de comercio justo o de economía solidaria comprometidas con el desarrollo rural de sus comunidades.

La publicación finaliza destacando que frente a la amenaza del cambio climático, los procesos de deforestación y los agronegocios de gran escala, los pequeños productores rurales deben asumir un papel más proactivo en la conservación, mejora y/o recuperación de selvas y suelos.

En apicultura, se menciona que una de las estrategias que varias organizaciones de productores están implementando para responder a los efectos del cambio climático es aplicar el modelo de “apicultura migratoria”, diferente del modelo tradicional que mantiene las colmenas fijas en un determinado territorio. La estrategia migratoria se basa en relocalizar las colmenas en otras zonas donde, por ejemplo, se desarrollen otros cultivos o haya suficiente cobertura vegetal para el mejor desempeño de las abejas. No obstante, este proceso requiere de inversiones considerables y de planes de diversificación productiva para las anteriores zonas productivas. Otras estrategias incluyen la “alimentación” de las colmenas por parte de los mismos apicultores en épocas de sequía; la reforestación con especies melíferas (flores que producen néctar y miel) y maderas finas; la capacitación en medidas preventivas y de adaptación; la búsqueda de financiamiento y asistencia técnica y la mejora en el intercambio de experiencias y de modelos exitosos de adaptación.

En la producción cafetalera, se han implementado primeramente nuevas variedades, por ejemplo las resistentes a la roya, enfermedad que afecta fuertemente la caficultura centroamericana. Para ello, se han desarrollado fincas-escuelas donde los productores han podido capacitarse y aprender lo necesario sobre las nuevas variedades y su manejo. A su vez, se han implementado acciones de “rejuvenecimiento” de cafetales y manejo de suelos, implementando mejores prácticas agrícolas que ayudan a la fertilización de los suelos y mantienen el terreno rico en nutrientes y equilibrado en cuanto a humedad (cobertura del suelo viva, por ejemplo con desechos de podas; incorporación de materia orgánica para retener la humedad; favorecimiento de la aireación y el intercambio catiónico; canales de desagüe; barreras vivas; terrazas). Además, los productores están llevando a cabo acciones de reforestación, utilización de sombras controladas, manejo adecuado de malezas y monitoreo de las condiciones climáticas mediante el aprovechamiento de las herramientas científicas y meteorológicas que ofrecen los Estados.

Finalmente, en cuanto a los productores de banano, la menor disponibilidad de agua durante el año los ha llevado a implementar sistemas de riego más eficientes o a construir pozos para almacenar el agua. Esto trajo consigo una mejor comprensión y cultura del ahorro de los recursos hídricos y de la energía necesaria para poner en función los sistemas de riego. Además, los productores están implementando mejores prácticas agrícolas para mantener un grado de humedad constante en los suelos. Lo que anteriormente se consideraba “maleza” en la actualidad se rescata para aplicar cobertura de suelo y mejorar de esta forma la retención de agua necesaria durante los períodos más secos. Asimismo, se están aplicando fertilizantes orgánicos para mejorar el nivel de nutrientes del suelo y se están reforestando áreas baldías. A su vez, las organizaciones en general están impulsando actividades de sensibilización sobre los efectos del cambio climático, capacitando a nuevos promotores junto con los técnicos locales a través de escuelas de campo, fincas demostrativas o bien en cooperación con el sector académico. Las capacitaciones incluyen temáticas como gestión y conservación de suelos, prácticas de gestión de cultivos y malezas, técnicas de poda, sistemas de riego y protección de frutas contra insectos y enfermedades.

Las asociaciones agrícolas que participaron de la elaboración de esta publicación han sido la Sociedad Cooperativa “EDUCE” (Yucatán, México), la Coordinadora Guatemalteca de Comercio Justo (CGCJ), la Cooperativa Mista dos Apicultores da Microrregiao  de Simplicio Mendes - COMAPI  (Estado de Piauí, Brasil), la Cooperativa Agrícola de Apicultores del Petén (COADAP, Guatemala), la Cooperativa de Producción Integral Apicultores del Suroccidente –COPIASURO, San Marcos, Guatemala), la Sociedad de Productores Orgánicos de la Selva Lacandona (Chiapas, México), CoopeVictoria (Costa Rica), la Asociación de Caficultores La Esperanza - ASOCAES (República Dominicana), CoopeAtenas (Costa Rica), Coopelibertad (Costa Rica), la Cooperativa Agraria de Servicios Café Hemalu de los Bosques del Inka (Coopchebi, Perú), la Cooperativa de Servicios Múltiples Bananera del Atlántico (Coobana, Panamá), la Cooperativa Banafrucoop (Colombia), la Asociación Agraria Bananera Fincas de El Oro (Ecuador), la Asociación de Pequeños Productores Orgánicos de Querecotillo (APOQ, Perú), la Asociación de Pequeños Productores de Banano Orgánico de Samán y Anexos (APPBOSA, Perú) y la Cooperativa de Servicios Múltiples Bananera del Atlántico (Coobana, Colombia).