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En esta última semana de negociaciones, del 19 al 23 de octubre, se discute el texto del acuerdo 2015, antes de la Cumbre de París


Sesión del ADP Ver más

Por Hernán Carlino
Especialista en Política Climática
Investigador del Centro de Estudios en Cambio Climático Global - FTDT

En el marco de la undécima parte de la segunda sesión del Grupo de Trabajo Ad Hoc de la Plataforma de Durban para la Acción Reforzada (ADP), que tiene lugar en Bonn entre el 19 y el 23 de Octubre de 2015, se intenta finalizar el texto en borrador del acuerdo 2015, así como el texto en borrador de las decisiones que lo acompañarán. Entre éstas: la que propone su adopción, la que reconoce las contribuciones determinadas nacionalmente, que fueran ya presentadas, e invita a elevar la ambición de los esfuerzos de mitigación de los países, y la decisión que dará efecto al acuerdo, así como, finalmente, también la decisión relativa al flujo de trabajo 2 del ADP, asociada con las acciones a desarrollar durante el periodo pre-2020.

Este lunes 19 se ha iniciado, pues, la que pudiera ser la ultima semana de negociación dedicada al texto que será la base del acuerdo 2015.  Podría preguntarse porque, después de casi cuatro largos años de negociaciones siempre intensas, estos cinco días finales pueden ser tan cruciales. No se trata, seguramente de la reconocida obstinación de los negociadores, aunque numerosos episodios en estos años pueden sustentar esa hipótesis. Mas bien, la pulsión agonal es en estos últimos días tan potente porque hay mucho en juego y en la mesa de la negociación nadie, o casi nadie, lo ignora.

Un acuerdo en París puede ser visto, en efecto, como el cierre de una etapa cuyos rasgos centrales se insinuaron inicialmente en la reunión de Bali en el 2007, y que se prolongó con notables altibajos en Copenhague, Cancún, Durban y Lima.  De modo que, la reunión de París puede ser vista como la culminación de una etapa, pero también como una meta en si misma, en la que se viene a decidir bajo que términos los países en desarrollo participarán del régimen climático de una manera radicalmente diferente a lo que lo venían haciendo.

Se trata entonces de un punto de inflexión, pues se discute un acuerdo universal y también las implicancias de un acuerdo de esas características, entre las que una no menor es la que concierne a los cambios que implica en el sistema energético global.

El acuerdo debe comprender varios elementos esenciales y hacerlo de una manera equilibrada: en primer término debe reflejar una meta central que deberá lograrse entre todas las Partes, la de evitar que la temperatura de la tierra en promedio no exceda los 2 grados centígrados; en segundo término, definir una trayectoria para alcanzar esa meta, la de des-carbonización de la economía; luego, establecer una secuencia en el tiempo, y un procedimiento de revisión para verificar de que manera las Partes necesariamente elevan en el tiempo su nivel de ambición en la acción.

Como se ve, el desafío es significativo, pues el acuerdo debe crear un régimen de gobernanza, asegurar la integridad ambiental, la justicia, y la transparencia.

Sin embargo, esta negociación, aunque concluya en un acuerdo, no se agota en él. Debe entenderse que significa por una parte completar una etapa. A la vez, el acuerdo de París debe abrir de inmediato la fase de su implementación, que conduzca a la aceleración de la acción y poner en marcha procesos de transformación ciertamente tan profundos en prácticamente todos los ámbitos de la vida en sociedad, que necesariamente despiertan resistencias.

Por eso, lo que está en juego no es simplemente la adopción de un acuerdo, ni tan siquiera la discusión de un texto claro, preciso y congruente; más bien lo que habrá de decidirse son las reglas de reconocimiento a largo plazo de la restricción de carbono y el modo en que estas habrán de afectar de manera diversa a los países, a las sociedades y a los actores económicos.

Por lo demás, como telón de fondo de esta instancia crucial para las decisiones, aparecen, ominosas, las señales cada vez mas evidentes de los riesgos que corre la vida en el planeta si no se logra dar, por medio de la cooperación internacional, un cauce a la acción.