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El financiamiento climático en el centro del interés de los diálogos en la Cumbre del Clima

Boletín N° 4 Ver más

Como una evidencia más de la importancia suprema del financiamiento en la acción climática, ya antes de que se iniciaran formalmente las sesiones en la Cumbre del Clima de Marrakech, Marruecos, se celebró el 4 de noviembre, en Casablanca, el Día del Financiamiento Climático 2016, reeditando sesiones anteriores.

Allí se debatió sobre las necesidades de financiamiento de los países en desarrollo, sobre la significación que tiene el financiamiento climático, y, más generalmente del financiamiento del desarrollo, al facilitar la acciones de adaptación y mitigación y también acerca de las restricciones para hacer efectivos los flujos financieros que puedan estar disponibles con ese objeto.

Aunque hay múltiples iniciativas para dar mayor impulso al financiamiento climático, aún es preciso, se afirmó en la reunión, actuar con sentido estratégico para movilizar el capital a la escala requerida; de ese modo se podrán crear las condiciones que hagan posible un desarrollo que sea a la vez resiliente, bajo en emisiones y también sostenible.

Impulsar ese proceso exige también transformaciones en el sistema financiero global y una efectiva coordinación de políticas, incluida la monetaria, para mantener el momento que se fraguara en el Acuerdo de París, y pasar de los compromisos y los enunciados de metas y objetivos, importantes pero insuficientes, a planes de inversión y a programas y proyectos concretos.

Para el sector financiero, participar de la transición a economías bajas en carbono, a escala global y nacional, y hacerlo con planes que permitan un proceso equilibrado y ordenado , también significa contribuir a preservar el valor de los activos de las instituciones financieras, en particular el de su cartera de préstamos e inversiones, y, consecuentemente, el de sus accionistas.

En el Día del Financiamiento Climático 2016 se difundió también, entre otros, un documento denominado “Mapa de Ruta para la Meta de los US$100 mil millones”[1] que arroja claridad sobre los avances ya hechos y permite un mejor entendimiento acerca de los medios por los cuales los países desarrollados prevén cumplir con esa meta, enunciada ya hace varios años y aún por completarse.

Según detalla el documento mencionado, las principales acciones se ejecutarán en varios planos diferentes:

  • Aumentar la escala de los recursos públicos que se pongan a disposición de los países en desarrollo. La OCDE estima que el financiamiento estimado de origen público proveniente de los países desarrollados alcanzará a unos US$67 mil millones en 2020, si se toman en consideración sólo los recursos ya comprometidos por esos países. Sin embargo, es preciso mencionar que ya en 2014 se movilizaron fondos por unos US$62 mil millones de ese origen,[2] de modo que el objetivo hacia 2020 no parece difícil de lograr. En la canalización de estos recursos juegan un papel clave los bancos multilaterales de desarrollo que ya movilizaban aproximadamente el 30% de los flujos totales de financiamiento en el 2014.
  • Aumentar el financiamiento para la adaptación, para hacer posible que se cumpla el objetivo del Fondo Verde para el Clima consistente en lograr una distribución equilibrada de los fondos con destino a adaptación y a mitigación.
  • Utilizar el financiamiento público y las intervenciones de política con el objeto de hacer posible que se movilice el financiamiento privado de manera efectiva.
  • Apoyar y asistir para que se haga posible un acceso mejorado al financiamiento, el fomento de capacidades y el alistamiento para la inversión.

Dada la magnitud de las necesidades de financiamiento, los recursos del financiamiento público deben ser necesariamente complementados por financiamiento de origen privado. Si bien para que ello suceda es preciso que haya unas políticas nacionales que creen las condiciones para que esos recursos se desplieguen.

Además, debido a la proliferación de canales de financiamiento climático, se va creando una situación caracterizada por el acceso complejo al financiamiento de ese origen por parte de los países que tienen propuestas de financiamiento.

Con frecuencia, esos países también tienen algunas limitaciones en las pericias técnicas de que disponen y en su capacidad para diseñar e implementar robustas y consistentes propuestas de financiamiento.

A ello se suele agregar una elevada diversidad de los requerimientos para preparar esas propuestas por parte de los que asignan esos recursos, que incluye, con frecuencia, algunos criterios para la asignación que no responden apropiadamente a las condiciones singulares del financiamiento climático.

Para decirlo de otra manera, en ciertos casos se tratan estas propuestas con los criterios de la banca clásica, sin advertir que  el objeto de este financiamiento es transformacional, como se enuncia repetidamente, aunque no se consiga luego traducir ese concepto a los propios requerimientos que se formulan para acceder al financiamiento.

Hay, además, un aspecto que debe destacarse: si bien crecen gradualmente los flujos de financiamiento climático, también lo hacen los costos de los impactos del cambio climático y, correlativamente, los costos de la adaptación.

Así, el informe Adaptation Finance Gap Report 2016, publicado por el Programa de las Naciones Unidas para el Medioambiente, indica que los costos de la adaptación podrían ser ya 2 a 3 veces más elevados que el financiamiento internacional público para la adaptación y que, en el futuro, hacia 2030, esos costos podrían ser entre 6 y 13 veces más altos que el financiamiento internacional público hoy disponible, pues ese reporte estima que “los costos de la adaptación en el período alrededor del 2030 podrían ubicarse en torno de los  US$140  a 300 mil millones por año, mientras el financiamiento internacional público para la adaptación era en 2014 de unos US$22.5 mil millones.” [3]

Por esta razón, la brecha de financiamiento para la adaptación representa uno de las cuestiones centrales que debe ser atendida durante la Cumbre de Marrakech.

 

[1] Ver en: http://dfat.gov.au/internationalrelations/themes/climate-change/Documents/climate-finance-roadmap-to-us100-billion.pdf

[2] OECD (2015), “Climate finance in 2013-14 and the USD 100 billion goal”, un reporte de la Organización para la Cooperación Económica y el Desarrollo (OECD) en colaboración con Climate Policy Initiative (CPI). Ver en: http://www.oecd.org/environment/cc/OECD-CPI-Climate-Finance-Report.htm

[3] UNEP 2016. The Adaptation Finance Gap Report 2016. United Nations Environment Programme (UNEP), Nairobi, Kenya