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Las evidencias de la ciencia exhiben también algunas grietas de la política

Boletín 05: Cumbre del Clima en Bonn. 8-11-2017 Ver más

Por Hernán Carlino,
Especialista en Política Climática
Fundación Torcuato Di Tella (FTDT)

Una de las mayores dificultades para hacer frente a los desafíos que plantea el cambio climático es su complejidad. Si se quiere organizar una respuesta institucional -sea internacional, sea nacional- a esos desafíos, hay que tomar en cuenta la incertidumbre que existe respecto del fenómeno y también la no linealidad de alguno de los procesos que desata.

Con las salvedades del caso, de manera similar, la política internacional de los países relacionada con el cambio climático tampoco puede ser interpretada estrictamente de modo lineal, ni hacer conjeturas sobre su futura evolución en base a declaraciones enraizadas en la mera coyuntura.

Al cierre del encuentro de los Ministros de Salud del G7, reunidos en Milán, Italia, el 5 y 6 de noviembre último, publicaron un comunicado conjunto en el que todos los países que integran el grupo coinciden en enunciar los vínculos entre los riesgos de salud y el cambio climático y reconocen las discusiones habidas sobre el impacto del clima, y los factores asociados con el ambiente, sobre la salud humana. La declaración sostiene además que “[t]odas las naciones ulteriormente acordaron trabajar con los colegas responsables de las políticas de salud, particularmente durante la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático en Bonn, entre el 6 y 17 de noviembre de 2017.”

De este modo, los ministros que integran el G7 han vuelto a demostrar que el mundo conserva su determinación de abordar el cambio climático a pesar de alguna decisión en contrario de un país en particular. La declaración que mencionábamos permite leer, entre líneas, que la firma del comunicado por los Estados Unidos, aun con cierta renuencia, denota la importancia de la voluntad positiva del resto del G7 y su efecto, aunque sea reducido al ámbito bajo consideración, sobre ese gobierno.

En efecto, si bien en su párrafo 46 el comunicado anota que “Los Estados Unidos tienen la intención de ejercitar su derecho a retirarse del Acuerdo de París, a menos que puedan identificarse términos apropiados para renovar su compromiso,” allí mismo, los Ministros de Salud y Jefes de Delegación de Canadá, Francia, Alemania, Italia, Japón y el Reino Unido y el Comisionado Europeo para Salud y Seguridad Alimentaria hacen constar “el robusto compromiso de sus gobiernos para implementar rápidamente el Acuerdo de París, tal como se declara en la Cumbre de Taormina.”

En este sentido, el resumen ejecutivo del estudio publicado por The Lancet Commission afirma que “[p]or décadas, la contaminación y sus efectos dañinos sobre la salud de la población, el ambiente y el planeta han sido desatendidos, tanto por los Gobiernos como por la agenda internacional de desarrollo. No obstante, la contaminación es hoy la mayor causa ambiental de morbilidad y mortalidad en el mundo, responsable de unas nueve millones de muertes prematuras en el 2015.”

Muy poco antes, el 3 de noviembre último, un reporte, elaborado por 13 agencias federales de los Estados Unidos, titulado “Climate Science Special Report”, que hace parte de la Cuarta Evaluación Nacional del Clima (NCA4) que integra el Programa de Investigación sobre el Cambio Global de los Estados Unidos (USGCRP), llega a conclusiones que contradicen la posición de la propia Administración Trump.

Ese exhaustivo informe científico de 477 páginas contiene algunas conclusiones poderosas entre las que se sostiene, por ejemplo, que las actividades humanas, especialmente las emisiones de gases de efecto invernadero, son la causa dominante del calentamiento observado desde mediados del siglo XX. También que el período que va entre 1901 y 2016 es ya el más cálido en la historia de la civilización moderna.

El informe sostiene que “La magnitud del cambio climático más allá de las próximas pocas décadas dependerá primariamente de la cantidad de gases de efecto invernadero (especialmente de dióxido de carbono) emitida globalmente. Sin reducciones mayores en las emisiones, el incremento en la temperatura media global anual con relación al periodo pre-industrial podría alcanzar a 5 °C (9 °F) o más al final de este siglo. Con reducciones significativas de las emisiones, el incremento en la temperatura media global anual podría ser limitado a 2 °C (3.6°F) o menos.”

Sugestivamente, el reporte, con sus hallazgos y conclusiones -que por otra parte confirman lo que ya se sabía-, fue aprobado para su difusión por el National Economic Council de los Estados Unidos, sobre cuyo director recaía la responsabilidad de la aprobación.

La ciencia, pues, parece señalar algunas direcciones, aunque la política, a veces, prefiera ignorarlas.

 

[1] El G7 está integrado por Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Italia, Japón y el Reino Unido.

[2] La cumbre del G7 en el 2017 se celebró en Taormina, Sicilia del 26 al 28 de mayo de este año

[3] Philip J Landrigan, Richard Fuller, Nereus J R Acosta, et al. Octubre 19 de 2017. . The Lancet Commission on pollution and health. The Lancet.

[4] Wuebbles, D.J., D.W. Fahey, K.A. Hibbard, B. DeAngelo, S. Doherty, K. Hayhoe, R. Horton, J.P. Kossin, P.C. Taylor, A.M. Waple, and C.P. Weaver, 2017: Executive summary. En: Climate Science Special Report: Fourth National Climate Assessment, Volume I [Wuebbles, D.J., D.W. Fahey, K.A. Hibbard, D.J. Dokken, B.C. Stewart, and T.K. Maycock (eds.)]. U.S. Global Change Research Program, Washington, DC, USA, pp. 12-34.