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2015, un año clave para enfrentar el Cambio Climático

Con el comienzo de 2015 se abre un período a la vez excepcional y crítico en la marcha de los esfuerzos internacionales compartidos para hacer frente al Cambio Climático. Ver más

Por una parte, a lo largo del año que recién se inicia debieran ultimarse los textos que conformen la versión preliminar de un tratado de muy largo aliento sobre el cambio climático que se discutirá en París a fines de año.

Las sonoras discrepancias que signaron la negociación internacional en el 2014 y luego, en particular, durante la Conferencia de las Partes de Lima, en diciembre último, no obstante, permiten anticipar otro año de negociaciones complejas. Es que, como observaba la Secretaria Ejecutiva de la Convención, Cristiana Figueres, conseguir que 194 países encuentren el consenso sobre diferentes y complejos asuntos climáticos es “muy, muy desafiante”.

Por otra parte, los resultados de Lima, en algún sentido congruentes con lo que podía esperarse de esa instancia, pueden ponderarse en conjunto con otros hitos significativos ocurridos durante el año 2014: la Cumbre del Clima de las Naciones Unidas en Nueva York, en setiembre pasado, el anuncio conjunto de China y Estados Unidos sobre cambio climático, el marco de política sobre Energía y Clima de la Unión Europea, y las diversas iniciativas -de países en desarrollo para promover esfuerzos de mitigación de gran alcance, de ciudades y de sectores económicos- entre otros.

Los presidentes de la COP 20, Manuel Pulgar-Vidal, de Perú, y de la COP 21, Laurent Fabius, de Francia,  han afirmado en un comunicado reciente que la “realidad científica de la disrupción climática y sus serias consecuencias están ya establecidas. Los medios para actuar existen y son conocidos. Los beneficios esperados de la acción global son claros. La voluntad política debe ser suficientemente robusta para que cada país se comprometa, de modo que, con base en los resultados logrados en Lima en diciembre de 2014, un ambicioso acuerdo pueda ser alcanzado en Paris en diciembre de 2015.”

En efecto, la ciencia permite asumir que un aumento en las temperaturas globales de más de 2°C, comparado con los niveles pre-industriales,  provocará cambios climáticos que pueden ser catastróficos. Para prevenirlo es preciso producir una inflexión en las emisiones globales de gases de efecto invernadero, al tiempo que se aumentan sustantivamente los esfuerzos para adaptarse a los impactos del cambio climático en el plano nacional y local.

Una evidencia de la importancia de los acuerdos  alrededor de la mitigación, es que en Lima pudo apreciarse un énfasis robusto en la discusión de las modalidades para la reducción de las emisiones, incluyendo mediante las contribuciones previstas y determinadas a nivel nacional y sus sutiles implicancias, su fecha de presentación, los elementos que deberían incluir y la naturaleza de estas presentaciones.

Sin embargo, estas discusiones tendieron a poner en un segundo plano la cuestión de las dificultades en torno de los recursos que deben ser destinados a lograr los objetivos de mitigación, acerca de la distribución de esos recursos entre diferentes regiones y destinos,  y sobre los mecanismos mediante los cuales pueden financiarse las vastas inversiones necesarias para llevar adelante los esfuerzos de mitigación así como los de adaptación.

En algún sentido, la discusión sobre el financiamiento climático en Lima se concentró en el Fondo Verde para el Clima y en los aspectos distribucionales más que en la eficacia de los recursos del financiamiento climático para propinar las transformaciones necesarias.  Es de esperar que este tema siga concentrando la atención de las Partes durante el 2015, a medida que se acerquen las instancias cruciales de la negociación.

Se trata por cierto de establecer una arquitectura global para las próximas décadas hasta el 2050, con un producto global que se cuadruplicará y una demanda de energía que habrá de aumentar en un 80 por ciento.

Para hacer esto posible y asegurar la sostenibilidad de la vida humana en el planeta, es preciso una transformación profunda hacia senderos de crecimiento de bajas emisiones o directamente carbono neutrales, y la puesta de vigor de políticas y medidas que lo hagan posible.  Ese es, en rigor, el desafío.