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Los mercados de carbono y el MDL como mecanismos de incentivo para la mitigación: algunas breves reflexiones sobre el debate global

Por Verónica Gutman
Investigadora del Centro de Estudios en Cambio Climático Global – ITDT
Moderadora de la Comunidad de Práctica de Agricultura – Plataforma Finanzas Carbono

 

Existen posiciones encontradas respecto de la capacidad de los mercados de carbono para actuar como incentivos eficaces y eficientes para la mitigación, fundamentalmente en el mundo en desarrollo.

Para muchos, estos años de existencia de los mercados han constituido un “experimento” positivo en materia de uso de instrumentos económicos para la mitigación y han dejado importantes enseñanzas para futuros programas de incentivos. La contribución más importante que se resalta es que los participantes tanto del mundo desarrollado como en desarrollo han tomado conciencia de que existe una restricción al carbono, mientras que antes emitían gases de efecto invernadero (GEI) sin limitaciones (Gutman et al, 2012).

En este sentido, hay un número importante de países que sostiene que los mercados pueden facilitar la transición de las economías hacia senderos de desarrollo más bajos en emisiones de un modo eficiente. Su planteo es que se debe lograr fijar un precio para la tonelada de carbono que refleje el valor de escasez de la atmósfera como reservorio de emisiones de GEI (llamado “espacio de carbono disponible”), el cual debe ser creciente debido a que este espacio se achica y las emisiones globales crecen (Carlino, 2012).

En lo que respecta específicamente al MDL, ha habido cuestionamientos sobre la capacidad del mecanismo y de su sistema regulatorio y de enforzamiento de las regulaciones establecidas para garantizar la integridad ambiental de las actividades de reducción de emisiones, creando en algunos casos lo que se denominara “incentivos perversos para la mitigación”. En este sentido, es preciso un debate abierto sobre los instrumentos que, como el MDL, contribuyen a la transformación aunque de modo aún imperfecto e incompleto. Este debate debiera proponerse a partir de información actualizada y que refleje tanto la dimensión cuantitativa de las reducciones logradas (y de las fugas) así como de la dimensión institucional y cultural que han sido frecuentemente ignoradas en las evaluaciones del proceso de aplicación de nuevos instrumentos de política. 

En un análisis reciente desarrollado por el Instituto Torcuato Di Tella (ITDT) sobre el UNEP RISOE CDM Pipeline, la base de datos de proyectos MDL del Centro RISOE de Energía, Clima y Desarrollo Sostenible del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) (Gutman et al, 2012), se destaca que el MDL ha contribuido a aumentar la conciencia de la importancia de la mitigación en prácticamente toda la región de América Latina, y por ende, la importancia de generar reducciones de emisiones en sectores y actividades económicas clave. Puntualmente, el MDL ha generado un cambio cultural (en muchos casos, al menos incipiente), manifestado en la adopción de mejores prácticas, en la introducción de tecnologías más limpias y más cercanas a la frontera tecnológica, en la difusión de la importancia de las energías renovables (algunas de las cuales antes del MDL no eran demasiado conocidas), en el reforzamiento de la importancia de la eficiencia energética y en el cambio de la cultura gerencial de algunas empresas (que a partir del MDL empiezan a pensar en cambios que permiten reducir emisiones de GEI y, mediante esto, generar recursos adicionales). Esta mayor conciencia puede facilitar, en una etapa nueva del régimen climático internacional, que los países de la región concreten acciones de mitigación ahora a escala nacional o de sectores enteros de la economía, aprovechando las lecciones aprendidas.

Sin embargo, existe una importante barrera en el MDL que surge de una “tensión” existente en el seno mismo del mecanismo respecto de su propósito: ¿el principal objetivo del MDL es contribuir a la reducción de emisiones o promover el desarrollo sostenible y la equidad regional en los países en desarrollo?

El único incentivo adicional que provee el MDL para la realización de proyectos es el ingreso extra que se genera por el valor de mercado que tiene su contribución a la reducción de emisiones de GEI. En contraste, los proyectos no reciben ingresos adicionales que premien su contribución al desarrollo sostenible local. Esto significa que muchos proyectos con alto potencial de mitigación pero con bajo impacto en términos de aportes al desarrollo del país anfitrión tienen un incentivo “de mercado” mayor que aquéllos con un potencial intermedio en términos de reducción de GEI pero que implican grandes beneficios socioeconómicos o ambientales locales (Gutman et al, 2012; Chidiak, 2006).

El debate, claramente, no está cerrado. Lo que parece cierto es que se precisan fuertes modificaciones y ajustes en el sistema global para que las finanzas de carbono puedan efectivamente contribuir a impulsar cambios de trayectoria en los senderos de desarrollo de los países de la región con un mayor foco en el desarrollo y la sostenibilidad aún a expensas de la rentabilidad de corto plazo.

Fuentes citadas:

Carlino, H. (2012): Apuntes de Doha – Mercados de carbono: debates para dilucidar el papel de los mercados como instrumentos de la transformación hacia sociedades bajas en emisiones. Diciembre 2012. Serie Especial. Plataforma Finanzas Carbono

Chidiak, M. (2006): Negociaciones post 2012. ¿Cuál es el rol de los países en desarrollo?, Documento elaborado para la Unidad de Cambio Climático
dela Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Argentina, septiembre de 2006

Gutman, V.; Caratori, L.; Rabinovich, G.; Carlino, H. y D. Perczyk (2012): Análisis del flujo de proyectos del Mecanismo para un Desarrollo Limpio en América Latina y el Caribe. Instituto Torcuato Di Tella. Documento de Trabajo N° 1.11.2012. Elaborado para el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA)