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Asistencia Oficial para el Desarrollo (ODA)

En el proceso de consolidación de la cooperación internacional para alcanzar senderos de sostenibilidad ha sido reconocido que las dimensiones globales del desarrollo sostenible requieren una acción coordinada y concertada que, entre otros resultados, se traduzca en transferencias de recursos, financieros y tecnológicos, de los países desarrollados a los en desarrollo, aunque deben ser los esfuerzos nacionales del sector público como del sector privado los que coadyuven primariamente al financiamiento del desarrollo.

La asistencia oficial neta para el desarrollo (ODA, por sus siglas en inglés) comprende los desembolsos de préstamos en condiciones concesionarias (netos de reembolsos del principal) y las donaciones otorgadas por organismos oficiales de los miembros del Comité de Asistencia para el Desarrollo (CAD), por instituciones multilaterales y por países que no integran el CAD a fin de promover el desarrollo y el bienestar económico en los países y territorios que figuran en la lista del CAD de destinatarios de ODA. Incluye los préstamos que tienen un elemento de donación de al menos el 25% (calculado a una tasa de descuento del 10%).

Los países desarrollados acordaron contribuir con el 0.7% de su Ingreso Nacional Bruto (INB) para el financiamiento del desarrollo. Este objetivo fue comprometido por primera vez en la Resolución de la Asamblea General de las Naciones Unidas de 1970, que establecía “Cada país avanzado económicamente aumentará progresivamente su asistencia oficial al desarrollo a los países en desarrollo y realizará su mejor esfuerzo en alcanzar un mínimo monto neto de 0.7% de su producto nacional bruto… hacia mitad de la década” (Asamblea General de Naciones Unidas, 1970). Este objetivo ha sido reafirmado en diversos acuerdos internacionales a lo largo de los años.

En Monterrey, en el 2002, los países desarrollados acordaron contribuir con el 0.7% de su Ingreso Nacional Bruto (INB) para el financiamiento del desarrollo y el cumplimiento de las Metas de Desarrollo del Milenio (MDM), lo que ratificaba compromisos en materia de asistencia al desarrollo que ya tenían más de dos décadas y aún están en parte pendientes. Este compromiso estaba en línea con lo establecido en el Programa 21, entendiéndose que la asistencia oficial para el desarrollo constituía una fuente significativa de financiación externa para los países en desarrollo y en particular para aquellos más vulnerables.  

Sin embargo, al examinar la evolución de la asistencia oficial para el desarrollo en estas dos últimas décadas, según los propios datos del Comité de Asistencia al Desarrollo de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), se observa que esa asistencia se mantuvo constantemente por debajo de la meta establecida. A principios de los 90 disminuyó paulatinamente desde el 0.45% del INB de los países donantes, en 1992, al 0.36% en 1997, se elevó luego progresivamente hasta el 2009, año en el cual el esfuerzo de los países desarrollados alcanza en promedio a 0.48%, algo menos de dos tercios de la meta comprometida.

La crisis financiera y la recesión económica global de 2008 y 2009 han tenido un impacto negativo en los países en desarrollo y en particular en los países de ingresos bajos, con lo cual los recursos provenientes de la asistencia oficial para el desarrollo se tornan más agudamente necesarios, en un contexto en el que la asistencia financiera está siendo menor a la comprometida.

La aún frágil y morosa recuperación de los países desarrollados a partir de la reciente crisis económica y financiera, e incluso la amenaza de la persistencia de una recesión de alcances globales, contribuye a crear incertidumbre sobre la magnitud de los flujos futuros de ODA, incertidumbre agravada por las tensiones presupuestarias subsistentes en los países donantes.

Es posible resaltar la existencia de una triple brecha en la aplicación de la asistencia oficial para el desarrollo entre:

  1. Los compromisos globales asumidos por los países desarrollados y el efectivo cumplimiento de esos compromisos

Esta brecha está relacionada con la real voluntad política de los países desarrollados, más allá de los enunciados, las tensiones presupuestarias, que se agudizan en particular a partir de la crisis financiera y económica reciente, y el retroceso relativo de esas economías.

  1. El efectivo cumplimiento de los compromisos asumidos y una distribución equitativa entre países de la asistencia recibida; y,

Esta se vincula con la existencia de una agenda de cuestiones que los donantes consideran centrales en la asignación de los recursos y no siempre se concilia con la de los países receptores de la asistencia, vinculadas no sólo al destino de los fondos cuanto a las modalidades de su administración.

  1. Entre el efectivo cumplimiento de los compromisos y la necesidad de asistencia financiera para los países en desarrollo.

Es esta brecha la más relevante, pues resulta de necesidades crecientes y adicionales vinculadas al financiamiento de cuestiones críticas como el cambio climático, el agravamiento de las condiciones de pobreza y exclusión y el desempleo estructural, la seguridad alimentaria, la seguridad energética, el deterioro medio ambiental y otros aspectos que acrecientan las necesidades efectivas de financiamiento en relación con los compromisos realizados. Un ejemplo cabal en esta materia es la brecha entre las necesidades del financiamiento climático, especialmente para la adaptación, y los compromisos enunciados en Copenhague, en diciembre de 2009, y reiterados en los Acuerdos de Cancún, de 2010, sin que se verifique una correlación entre las necesidades de financiamiento, estimadas bajo modalidades de cálculo ya sea ascendentes o descendentes, y los recursos ya comprometidos.