Regístrate
Inicio > Desarrollo Sostenible, RSE y las emisiones de gases de efecto invernadero: ¿cuál es la relación?

Desarrollo Sostenible, RSE y las emisiones de gases de efecto invernadero: ¿cuál es la relación?

Por Marcelo Iezzi
Líder del área de sostenibilidad de PricewaterhouseCoopers

El término Responsabilidad Social Empresaria (RSE) es definido como el compromiso de las empresas en la identificación y la gestión de los impactos ambientales y sociales de sus actividades, y en la definición de un marco de diálogo con sus grupos de interés –empleados, comunidades, accionistas, etc.-, siempre desde una perspectiva voluntaria, es decir, más allá de lo exigido por la legislación.

En términos simples, la RSE intenta dar respuesta a las preocupaciones y presiones de la sociedad civil en relación a los impactos sociales y ambientales de una organización. La RSE se instrumenta en una empresa a través del desarrollo de una estrategia, la Declaración de Valores Corporativos, los Códigos de Conducta –internos y externos-, las Políticas, los Sistemas de Gestión, la definición de Programas Ambientales y Sociales y los Reportes de Sostenibilidad, entre otros.

En términos generales, podría decirse que la justificación de contar con una estrategia de RSE en una empresa se basa en una obligación moral (“hacer lo correcto”), en la necesidad de contar con una “licencia social para operar” (es decir, ser aceptada por la sociedad), en mantener cierta reputación y en la sostenibilidad ambiental y social.

En los últimos años, las empresas han incorporado programas de RSE, aunque no siempre en forma estratégica. Es oportuno analizar cuáles son las preocupaciones actuales más sobresalientes en el mundo corporativo al momento de incorporar una verdadera estrategia de RSE: ¿qué significa en la actualidad para una empresa ser “socialmente responsable”?, ¿existen, para serlo, otras justificaciones además de las mencionadas?

RSE y el Desarrollo Sostenible

En primer lugar, una de las cuestiones que se mantiene en permanente debate es si existe realmente una conexión entre las acciones de RSE de una compañía y la mejora en su performance financiera. Dado que responder a esta cuestión excedería el alcance del presente artículo, solamente mencionaremos que dicha conexión existe y se correlaciona positivamente.

Soslayando por la complejidad de su demostración los beneficios económicos derivados de los programas de RSE en el corto plazo, ¿podemos encontrar otra utilidad en seguir estas estrategias?, ¿habrá otra motivación para incorporar programas de RSE? A esta cuestión podemos responder con que estas iniciativas, conformadas en la estrategia general de la organización, generan oportunidades de innovación, nuevos negocios y ventajas competitivas, mientras que adicionalmente resuelven problemas ocasionados por las presiones desde la sociedad (i)].

Un proceso innovador aplicado a un sector dado, transporte por ejemplo, podría proveer una solución más eficiente a la vez que brinda una respuesta positiva a la preocupación de la sociedad por el aumento de emisiones causantes del calentamiento global. Además puede posicionar a la empresa innovadora como líder en términos de tecnología limpia de transporte. En términos más generales, frente a las preocupaciones de la sociedad en temas ambientales y sociales, una compañía puede encontrar oportunidades de innovación para sus productos y/o servicios.

Adicionalmente a la innovación en los procesos, productos y servicios, también la innovación institucional puede ser parte de una estrategia de RSE. Bajo este concepto se incluyen todas las iniciativas que busquen mejores soluciones organizacionales en las relaciones internas, externas y con el sector público, y que traigan como resultado la reducción de los costos de transacción, es decir, iniciativas que permitan una asignación de recursos de modo más eficaz. Un ejemplo podría ser la disminución de la asimetría de información con la que los consumidores deben tomar sus decisiones, muchas de las cuales impactan directamente en mejoras o agravamientos ambientales (problemas de selección adversa).

El pensamiento estratégico

Ahora bien, siguiendo el razonamiento anterior, ¿qué significa entonces incorporar una verdadera estrategia de RSE en una organización en términos económicos?.

Es oportuno introducir el concepto de externalidad. Este término se utiliza para englobar a los efectos colaterales –connotación negativa– o efectos derrame –connotación positiva– de las operaciones de una empresa. Son los impactos generados por una organización en “los bordes” de su entorno, pero por los que no está obligada a “pagar” o a tenerlos en cuenta en la toma de decisiones. Un ejemplo de externalidad es la contaminación del aire por la emisión de gases que una empresa no está obligada a tratar, pero que pueden afectar la calidad del aire de los vecinos.

La característica central de una externalidad es que los beneficios y costos de un producto o servicio no se reparten equitativamente: los beneficios del mismo quedan en manos de quien los desarrolla mientras que sus efectos ambientales y/o sociales negativos se distribuyen en la sociedad. Ronald Coase, premio Nobel de Economía en el año 1991, desarrolló esta teoría en su artículo The Problem of Social Cost(ii).

Cada vez más los distintos grupos de interés consideran que una empresa es socialmente responsable cuando ellos perciben que la misma se encuentra en un proceso de internalización de sus externalidades negativas, es decir, cuando utiliza sus capacidades para medir, gestionar y mitigar sus impactos en la sociedad.

La estrategia de RSE de las organizaciones deberá contemplar cada vez más la gestión de sus externalidades para lograr la aceptación de los grupos de interés, trabajando a la vez en procesos innovadores que le permitan mantener o mejorar su competitividad al absorber los costos que hasta ahora son distribuidos en la sociedad en su conjunto.

Efectivamente, es esperable un aumento de costos en las empresas al internalizar la mitigación de sus efectos, tal como podría suceder con los costos para mitigar las emisiones de los gases de efecto invernadero producidos al quemar combustibles fósiles.  Pero es también esperable un cambio cada vez mayor en la conducta de los consumidores, particularmente aquellos de países desarrollados, quienes basados en la mayor disponibilidad de información hacen su selección de productos o servicios teniendo muy en cuenta el desempeño ambiental y social de las compañías.

Un consumidor más consciente de su “voto comercial” y con más información, seleccionará mejor los productos o servicios cuyas señales de precios contengan no sólo los razonables costos de producción sino también la internalización de los costos de mitigación de efectos negativos. Hay también un importante rol del Estado al evitar intervenciones que distorsionen estas señales de precios.

Es este uno de los grandes desafíos que como sociedad tenemos por delante: lograr soluciones innovadoras en productos y servicios que contemplen el desarrollo sostenible desde su diseño y a lo largo de todo su ciclo de vida, de tal manera que, a modo de círculo virtuoso, se logre un mejor y más sostenible patrón de consumo.



(i) Strategy & Society, The Link Between Advantage and Corporate Social Responsibility; Porter, Michael y Kramer, Mark; Paper Harvard Business Review, 2006.

(ii) The Problem of Social Cost, Coase, H. Ronald, University of Chicago, 1960.